Nos ha contado la historia del terrible momento que le tocó vivir igual que otros ciudadanos del municipio de Catarroja: como vio que la riada se lo llevaba todo y como pasó la noche entera encima de su coche, mientras que su hija Mónica, una joven con discapacidad, la esperaba en casa.

Ella es Mari Carmen, una mujer valiente llena de fuerza, que ahora está en la lucha para recomponerse después de todo lo sucedido.

‘’Después de todo lo ocurrido, Mónica empezó a tener muchas más crisis epilépticas, hasta tres en un mes. Parece que no, pero a ella todo esto le afectó mucho. Además, acogimos a David compañero de Mónica en APAMI y a sus padres, María Dolores y José, porque su casa quedó totalmente destrozada y pasamos a ser nueve personas en casa.

Nuestros familiares nos preguntaban todo el rato si necesitábamos algo y tuve que tomar la decisión de separarme de mi hija Mónica que se fue a vivir a casa de mi sobrina, porque no quería que tuviese que vivir todo aquello. Como no se podía andar, la subí a un carro de la compra y se la llevaron. Al cabo de los días mi marido, una persona con discapacidad, y yo decidimos trasladarnos a otro pueblo cercano pues la vida se nos complicaba demasiado.

Desde entonces, Mónica no soporta quedarse sola, tiene miedo de que se repita, piensa que la voy a volver a abandonar y no se quiere separar de mí. Si salgo de casa, me tiene que llamar desde el teléfono de su padre para saber cuánto voy a tardar en volver. Ella ahora vive con el miedo de que no regrese nunca más a casa.

La asociación APAMI todavía no la hemos podido abrir.  Gracias a APAMI todas estas personas con discapacidad del pueblo podían colaborar en diferentes labores y participar en todos los festejos, como por ejemplo las fallas. Ahora no pueden hacer nada, y ellos lo notan mucho, ya que necesitan mantenerse activos y practicar actividades adaptadas a sus necesidades. Mónica me pregunta ¿APAMI lo van a abrir mamá? ¿Cuándo vamos a hacer cosas en APAMI? Ellos notan algo raro: van por la calle y ven que los bancos están rotos y los contenedores llenos.

Ahí estamos ahora, poco a poco intentando salir adelante: aunque lo peor pasó, esto continua. Muchos de nosotros nos quedamos sin nada y hemos aprendido a comenzar de cero, rodeados de impotencia. Yo tuve que tirar para adelante, pudiese o no pudiese, tenía que hacerlo por estas nueve personas que estábamos en casa, sacar fuerza y tirar de todos: cogía mi paellero y con una botella de gas hacíamos las comidas. Sé que cada uno hizo lo que pudo como mejor supo para ayudarnos entre todos.

Tienes que ser fuerte y al final, todo sale. Vivimos con miedo, pero sabiendo que tenemos que salir adelante por nuestros hijos. Poder disfrutar del fin de semana en Fundación Lukas, fue un respiro para todos: ¡¡nos hemos relajado tanto!! Necesitábamos tener tiempo para nosotras, lo necesitábamos y ver que hay un más allá de nuestra actual realidad, porque además de madres, somos mujeres y personas que necesitan cuidarse a sí mismas.

Y ahora, me llena de felicidad que Mónica quiera volver a las Estancias Temporales, que ella también haya superado un poco su miedo y que quiera disfrutar junto a otros jóvenes de su edad de todas las actividades que ofrece la Fundación Lukas.”