Como padre de Sergio, un chico de 31 años gran dependiente que entró hace unos meses a la Casa Hogar Lukas, quiero compartir la tranquilidad y paz que nos aporta, a mi esposa Piedad Verde y a mí, el poder haber recuperado parte de nuestra vida personal y de conciliación como pareja, pues cuando un hijo con discapacidad nace en el seno familiar todos sus miembros, de alguna manera, han de adaptarse a los cuidados de ese ser amado nacido con diversidad funcional, ya que los familiares que nos dedicamos a su bienestar y calidad de vida (las 24 horas al día durante los 365 días del año) nos convertimos en una familia “con diferentes capacidades” cuya existencia gira alrededor de él, de su calidad vital, vivencial y física; en definitiva, de su ‘bienser’.
Sí. Tanto Sergio como nosotros somos más felices, más “completos e independientes”. Y todo gracias a la Fundación Lukas, sus cuidadoras y a los grandes profesionales que, ahora, están atendiendo en vivienda de nuestro mayor tesoro. Él en la actualidad, goza de una vida más completa (salidas, cenas, paseos en bici, cine…) que ya, nosotros, por nuestra avanzada edad ya no podíamos, por desgracia, ofertarle.